Turistas de todo el mundo se dan cita en Córdoba para ver a los "enanitos rosados"
La cordobesa localidad de Villa La Cañota, ubicada 27 kilómetros al sur de la capital provincial se ha convertido en un polo de atracción turística debido a la creciente aparición de enanitos rosados, cuyo origen se desconoce.
| Laguna El Surubí. Los enanitos suelen bañarse en sus turbias aguas. |
Nicanor Palavecino aún no sale de su asombro. Le cuesta creer que su puesto de venta de lombrices ubicado a pasos de la laguna El Surubí, en la localidad cordobesa de Villa La Cañota se haya transformado, en pocos meses, en un polirrubro cuya principal mercancía es la variopinta colec-ción de souvenirs con imágenes de sus más afamados habitantes, los enanitos rosados.
A pasos de la laguna, lugar elegido por estos enigmáticos personajes para hacer sus apariciones, Nicanor recibió a Apuntes Turís-ticos en la puerta de su floreciente negocio.
"Usted verá, nadie puede creer lo que nos está pasando con este asunto de los enanos. Antes, nadie venía por acá, salvo alguno al que se le pinchó la rueda del auto o tuvo algún desperfecto mecánico", sentenció el hombre con un dejo de resignación ante el hecho que le quitó la calma a esa localidad del centro de la provincia.
La primera aparición de estos entes, a los que la gente dio en llamar "los enanitos rosados", se dio una noche de primavera, precisamente el 14 de octubre de 2015.
"Estábamos la Rosa (esposa de Palavecino) y yo levantando las cosas del puesto (de lombrices) cuando de repente se cruzó por allá –señala un montículo de tierra pegado al sendero que lleva a la laguna– esa cosa, que era raro ¿vio? Como un perro, pero en dos patas. Y de color rosado, como un chancho pelado", recordó el hombre sobre el acontecimiento de esa noche.
Lo que el ex lombricero no sabía por entonces es que, esa noche, el destino de su pueblo iba a torcer el rumbo, alterando la pasmosa tranquilidad de su día a día.
A partir de esa fresca noche las apariciones fueron sucediéndose cada vez con más intensidad, llegándose a un punto en que las mismas se sucedieron varias veces en un mismo día. Esta multiplicidad de apariciones generó, primero, la curiosidad de los habitués de la laguna, en su mayoría pescadores por necesidad, quienes fueron transmitiendo por el boca a boca sus experiencias.
Así fue que en una oportunidad, "a finales de noviembre" según relata el nóvel vendedor de souvenirs, llegó al pueblo un periodista que redactó una crónica para un diario local, dando en primicia algunos testimonios sobre la presencia de estos enigmáticos personajes.
(Continuará)